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El Concurso de ingreso a la educación media superior a 15 años

El proceso de selección para el ingreso a la educación media superior de la zona metropolitana de la Ciudad de México, organizado por nueve instituciones públicas de ese nivel educativo cumplió este 2010 quince años. Más de 3 millones de egresados de secundaria del Distrito Federal, de los municipios conurbados del Estado de México y de algunas otras entidades del país han participado en igualdad de condiciones para obtener un lugar en la amplia gama de opciones que se ofrecen.

La elección de una escuela y una opción educativa no es tarea sencilla para los 300 mil egresados de secundaria; la mayoría de las veces es la primera gran decisión importante a la que se enfrentan. El aspirante a la EMS debe considerar factores de carácter personal, como sus preferencias, gustos, situación familiar o lejanía de las escuelas de su preferencia; y otros que están fuera de su alcance: las decisiones de los otros aspirantes o las políticas seguidas por cada institución en cuanto a requisitos y características de la oferta. Su trayectoria en los últimos tres años de educación, el promedio de calificaciones en la secundaria, es una referencia de las posibilidades que tendrá para ingresar, preferentemente, a su primera elección.

En la toma de esta decisión no están solos; desde luego, cuentan con el apoyo de sus padres o de sus hermanos mayores; en la escuela secundaria reciben orientación de sus maestros, además de que disponen del Instructivo del Concurso. Entre los propios compañeros de escuela discuten, ponderan y analizan, evalúan opciones y se animan mutuamente.

Desde que se instauró este mecanismo en 1996, tanto las instituciones educativas como los aspirantes vieron el beneficio que significaba un concurso unificado: no era necesario participar en varios procesos y representaba un ahorro en todos los sentidos; adicionalmente, permitió disponer de información confiable sobre los aspirantes y sus preferencias en los últimos años.

De acuerdo con el Informe de diez años de la Comipems, “en las décadas previas cada joven tenía la posibilidad de presentar un examen de admisión en cada una de las instituciones que consideraba podría continuar sus estudios. Esta situación tenía implicaciones serias. Había jóvenes que eran aceptados en más de una institución pero se matriculaban, por supuesto, solamente en una. Al término de cada proceso no se inscribían todos los jóvenes admitidos. Por cada joven que era aceptado en más de una institución había uno, dos, quizá tres aspirantes no admitidos, a pesar de existir lugares disponibles”.

La demanda de los cientos de miles de jóvenes que año con año requieren un espacio en dichas instituciones para continuar sus estudios muestra un conjunto de aspiraciones, deseos e intenciones alejados de la objetividad que significan los planes y programas institucionales plasmados en la oferta educativa; demanda que no presta atención a la propuesta de espacios educativos de las instituciones. Son dos mundos diferentes: uno, el de las expectativas de estudios de los jóvenes, y otro que está conformado por la oferta escolar. El Concurso de Ingreso se constituye, precisamente, “como el medio que atempera las diferencias entre oferta y demanda; es el instrumento que permite ajustar esta demanda, legítima de suyo, con la oferta, que responde, a su vez, a proyectos de mediano y largo plazos, presupuestos anuales y a las necesidades del país”.

De este cúmulo de datos en la tabla que sigue se revisa solo uno: el género de los aspirantes que obtuvieron un lugar en los últimos 14 años. En el informe mencionado se afirma que “en todas las ediciones fue menor el número de mujeres que solicitó su registro, aunque la diferencia en ningún caso excedió los 2.5 puntos porcentuales”. 

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*Con información de la Gaceta de Resultados.

Como se puede observar, los primeros años del concurso la cantidad de mujeres que obtuvo un lugar fue mayor que la de los hombres, tendencia que se revierte en 2001. Esto es sólo un botón de muestra, pues es digna de estudio la infinidad de datos que se han generado en estos 15 años. No hay muchos investigadores que hayan volteado sus ojos a esta veta de información. Pero, seguramente, los datos encierran tesoros a la espera de ser descubiertos.

 


 
 

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